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Representa un saco fibroso denso e inelástico que recubre la cavidad craneal por dentro, actuando como una barrera fiable entre los huesos y el delicado tejido neural.
A nivel del encéfalo, esta membrana posee una estructura bicapa única. La capa externa está muy unida a las superficies internas de los huesos craneales, cumpliendo prácticamente la función de su periostio interno. La capa interna está orientada hacia el encéfalo. En ciertos puntos, estas dos capas se separan, formando canales triangulares rígidos llamados senos venosos, por los cuales la sangre desoxigenada se drena desde el encéfalo hacia las venas yugulares del cuello.
Además, la capa interna forma poderosos tabiques (proyecciones) que penetran profundamente en las fisuras entre las secciones del encéfalo. Los más prominentes de ellos son la hoz del cerebro, que divide los hemisferios cerebrales, y la tienda del cerebelo, que separa los lóbulos occipitales de la fosa craneal posterior. Estos tabiques anclan firmemente el encéfalo, evitando desplazamientos peligrosos durante movimientos bruscos de la cabeza.
La duramadre está abundantemente inervada por ramas del nervio trigémino. El propio encéfalo carece de receptores de dolor, por lo que casi cualquier dolor de cabeza intenso (incluidos los provocados por traumatismos o meningitis) está relacionado con la tensión mecánica o la irritación química de la duramadre.
En traumatología, dos espacios críticos están asociados con esta estructura. El espacio entre el hueso y la duramadre (epidural) generalmente no existe, pero puede convertirse en un área de preocupación cuando la ruptura de una arteria provoca una acumulación de sangre a alta presión, separando la duramadre del hueso. El espacio subdural, ubicado debajo de la duramadre, acumula sangre venosa cuando las venas comunicantes se rompen, conduciendo a hematomas subdurales. Ambas condiciones requieren intervención neuroquirúrgica urgente.
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