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Hemorragia subaracnoidea traumática

También conocido como: HSA traumática

La hemorragia subaracnoidea traumática (del latín sub- — bajo y del griego aracne — telaraña, haima — sangre) es una acumulación patológica de sangre derramada en el espacio entre las membranas meníngeas suave y aracnoidea.

Esta condición se desarrolla como resultado de una lesión mecánica en la cabeza y es una de las consecuencias más comunes de la contusión cerebral.

Etiología y fisiopatología

En condiciones normales, el espacio subaracnoideo está lleno de líquido cefalorraquídeo transparente, que circula alrededor del cerebro. Bajo un fuerte impacto, fricción del tejido cerebral contra las protuberancias óseas del cráneo o destrucción de la corteza ocurren rupturas de pequeños vasos sanguíneos piales superficiales.

La sangre bajo presión ingresa al espacio subaracnoideo, se mezcla con el líquido cefalorraquídeo y se dispersa rápidamente por las cisternas basales y surcos del cerebro. A diferencia de las hemorragias espontáneas (que ocurren debido a la ruptura de un aneurisma), el tipo traumático siempre se acompaña de un daño mecánico primario del propio tejido cerebral. Los productos de degradación de los eritrocitos tienen una fuerte acción irritante química en las meninges y causan una inflamación aséptica aguda.

Importancia clínica

El cuadro clínico se caracteriza por un dolor de cabeza insoportable, fotofobia y vómitos repetidos. Se desarrolla rápidamente el llamado síndrome meníngeo, cuyo signo principal es la rigidez acentuada (tensión) de los músculos occipitales: el paciente físicamente no puede acercar el mentón al pecho.

Esta condición no requiere la extracción quirúrgica de la sangre en sí, ya que está extendida en una capa delgada sobre todo el cerebro. Sin embargo, es peligrosa debido a complicaciones severas retardadas. Los coágulos de sangre pueden bloquear los caminos de salida del líquido cefalorraquídeo, provocando una hidrocefalia postraumática (edema cerebral). Además, la acción química de la sangre sobre las arterias grandes en la base del cerebro a menudo provoca su espasmo persistente (vasoespasmo), lo que lleva a un ictus isquémico secundario varios días después del trauma.

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