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El mecanismo clásico de lesión implica la aplicación de una carga vertical potente sobre la columna cervical extendida. Esto ocurre con mayor frecuencia cuando una carga pesada impacta en la parte superior de la cabeza, al caer una persona de cabeza o al zambullirse en aguas poco profundas.
Bajo la influencia de la energía cinética, los cóndilos del hueso occipital del cráneo se comprimen en las masas laterales de la primera vértebra cervical. Debido a la inclinación de las caras articulares, las masas laterales se empujan hacia afuera con fuerza, rompiendo el frágil anillo óseo en sus puntos más finos.
En la forma clásica, se forman cuatro fragmentos óseos independientes. El factor crítico de estabilidad en esta zona es el ligamento transverso del atlas. Si este ligamento se rompe, las masas laterales se separan considerablemente, destruyendo por completo la función de soporte en la transición craneovertebral.
El cuadro clínico de esta fractura a menudo es paradójico: un déficit neurológico severo (tetraplejía) es raro. Esto se explica por el fenómeno de la autodecompresión: la divergencia de los fragmentos óseos amplía físicamente el canal vertebral, protegiendo la médula espinal de la compresión directa.
Los síntomas principales son un dolor intenso en la región occipital, una restricción severa de la rotación de la cabeza y una sensación pronunciada de inestabilidad. El paciente sostiene la cabeza con las manos de manera refleja.
La radiografía estándar es insuficiente para el diagnóstico debido a la superposición de sombras de la mandíbula. Se requiere una radiografía a través de la boca abierta o una tomografía computarizada multislice. El tratamiento consiste en el uso prolongado del dispositivo Halo, y puede ser necesaria la fijación quirúrgica si se rompe el complejo ligamentoso.
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