El exudado es un líquido rico en proteínas y elementos celulares que sale de los pequeños vasos sanguíneos hacia los tejidos circundantes o las cavidades corporales durante un proceso inflamatorio. La formación de exudado es uno de los signos clave de la respuesta inflamatoria.
La aparición de este líquido está asociada al mecanismo principal de la inflamación: el aumento de la permeabilidad de la pared vascular. A diferencia del trasudado (edema no inflamatorio), las paredes de los capilares se vuelven permeables no solo al agua, sino también a grandes moléculas proteicas (por ejemplo, fibrinógeno) y a células sanguíneas (leucocitos).
Según su composición, determinada por la etiología y la fase del proceso inflamatorio, se distinguen varios tipos principales de exudado:
La acumulación de exudado provoca edema en el foco inflamatorio (como el habón tras una picadura de insecto) o derrame en cavidades corporales (como la pleuritis en una neumonía). La naturaleza del exudado es un signo diagnóstico importante.
El estudio del exudado, obtenido mediante punción, tiene una gran importancia clínica. El análisis de laboratorio (determinación de la concentración de proteínas y composición celular, cultivo microbiológico) permite establecer la naturaleza del proceso inflamatorio, identificar el patógeno y seleccionar una terapia adecuada.
El exudado debe distinguirse del trasudado. El trasudado es un líquido edematoso de origen no inflamatorio que se acumula por alteraciones en la presión hidrostática u oncótica (por ejemplo, en casos de insuficiencia cardíaca o renal). El trasudado es pobre en proteínas y células.
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