La dentina (latín dentinum) es el tejido duro calcificado que constituye la mayor parte del diente. Se encuentra bajo el esmalte en la zona de la corona y bajo el cemento en la zona de la raíz del diente, rodeando la cámara pulpar y los conductos radiculares. En cuanto a sus propiedades físicas, la dentina es más fuerte que el hueso, pero más elástica que el esmalte.
La dentina está permeada por millones de tubos dentinarios microscópicos, dentro de los cuales hay excrecencias de células odontoblásticas y líquido dentinario. La presencia de estos tubos hace de la dentina un tejido permeable capaz de transportar irritantes y toxinas bacterianas a las terminaciones nerviosas de la pulpa.
Durante la vida del diente, los odontoblastos siguen produciendo lentamente dentina secundaria, reduciendo el volumen de la cámara pulpar. En respuesta a los estímulos, se activa la formación de dentina terciaria (reparadora o de sustitución) en la interfase esmalte-dentina;
La dentina y la pulpa funcionan como un único complejo. La dentina expuesta a causa de una caries, un traumatismo o una abrasión anormal provoca el movimiento de fluidos en los túbulos, lo que irrita los receptores pulpares y causa sensibilidad dental (hiperestesia). Al tratar la caries, es prioritario conservar una capa de dentina sana sobre la pulpa para preservar la viabilidad del diente.
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